Nos levantamos con ganas de ejercitar nuestros cuerpos serranos y después de un buen desayuno en vez de ir a sudar al gimnasio preferimos pasar el día a remojo. Por la mañana, nos fuimos a nuestra gran piscina en la cual nos zambullimos cual peces de agua dulce para paliar el sofocante calor, al que no estamos acostumbrados en Vitoria. Un señor nos dejo su silla adaptada para salir de la piscina y nos facilitó enormemente la labor, así que al rato nos preparamos rápido para comer y ir a la playa a seguir tonificando nuestros músculos. Llegamos allí con curiosidad de que íbamos a hacer en el mar, y nos dieron la sorpresa. Nos pusimos todos los chalecos salva vidas y nos trasladaron en una silla con ruedas hasta el mar, después de un rato en remojo nos acercaron las canoas y nos fuimos subiendo a ellas de 2 en 2 socio monitor y comenzamos a remar a la deriva. El día fue tan agotador que ni siquiera fuimos a tomar unos refrescos después de cenar, por eso decidimos irnos a la cama pronto para tener fuerzas el siguiente día.
Ayer volvimos a la Fundación Carriegos, un sitio muy cerquita de León que, además de ser escuela de equitación, tiene un programa de terapia asistida con caballos estupendo. La verdad es que fue un día maravilloso, nos encantó volver. Hicimos un montón de cosas: montamos a caballo y aprendimos a llevarles, ellos se portaron fenomenal y fue muy fácil. Además, pasamos un rato muy agradable haciendo varias manualidades. Hicimos unas mochilas preciosas y unos llaveros también muy chulos. Y por la tarde, disfrutamos mucho bañando y cepillando a los caballos para dejarlos bien guapos. Muchísimas gracias a la Fundación Carriegos por lo bien que nos reciben siempre y cómo nos tratan. De vuelta en El Bosque de los sueños, por la noche tuvimos una sesión de masajes para descargar las tensiones de un día muy intenso.
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